Estaba un hombre a la orilla del camino sentado en una piedra, bajo la sombra de un frondoso árbol.
Se le miraba triste, meditabundo, cabizbajo; casi, casi a punto de soltar el llanto. Así lo encontró su compadre, y amigo de toda la vida, quien acongojado al verlo en tales condiciones, le preguntó el motivo, causa o razón que ocasionaba que él se encontrara en situación tan deprimente.
--¡Ay! Compadre-le contestó el amigo, --¡tu comadre! ¡Tu comadre! Esta noche la mato o la suicido, o a lo mejor las dos cosas, pero de que se muere, se muere….
--No la amueles compadre, mejor platícame, porqué la quieres matar, a lo mejor te puedo ayudar a encontrar una mejor solución al problema.
El compadre, después de limpiarse sus ojos todos llorosos y su nariz moquienta, empezó con su relato.







