miércoles, 5 de mayo de 2010

Ocurrencias oidas por casualidad...


“Soy una economía ambulante”,
se oyó decir a un hombre.
“Mi cabello está en recesión,
mi cintura es victima de la inflación,
y ambos me están sumiendo en un profunda depresión”

Oído en un salón de belleza:
“Yo no creo en la astrología.
A nosotras, las escorpión,
no nos atraen esas cosas”.

Confidencia de un hombre a su amigo:
“Muy pocas cosas alteran a mi esposa.
Me siento honrado de ser una de ellas”.

El Zapatero Remendon

En días pasados, leyendo una revista francesa, Le Figaro Magazine, me encontré con un relato que al leerlo me hizo reflexionar.

El relato se los transcribo directamente de la revista, su autor es Ariel Merinie:

El Zapatero Remendón

Mi zapatero remendón ya es viejo, trabaja en el Marais, centro histórico de Paris. Cuando le lleve mis zapatos, me advirtió: - No tengo tiempo. Lléveselos al zapatero de la esquina; él se los reparará en seguida.

El Vuelo del Halcón

Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.

Pasado unos meses el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía que le sucedía, no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.

El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacerlo volar.

El peso del rencor

El tema del día era El Resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento.

Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa.

Algunas bolsas eran realmente pesadas. el ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mí.

martes, 4 de mayo de 2010

Nunca es Demasiado Tarde por Norman Vincent Peale

Hay una frase decepcionadora que esta en labios de mucha gente: “¡Ya es demasiado tarde!”. El hombre que abandona los estudios de secundaria se lamenta de su humilde empleo, desearía volver a la escuela y terminar su instrucción, pero le parece que “Ya es demasiado tarde”. El esposo infiel quisiera salvar su matrimonio, pero “ya es demasiado tarde”. Una oficinista, despedida por ser alcohólica, desearía vencer su adicción y volver a empezar, pero “ya es demasiado tarde”.

Son pocas familias en las que no hay relaciones rotas. Al principio, las personas distanciadas no están de humor para reconciliaciones, y cuando ya ha transcurrido algún tiempo, consideran extemporáneo ofrecer disculpas o tratar de limar asperezas.

Discutiendo con la pared

El trabajo de un árbitro (en el futbol soccer o americano), referee (en el box), umpire (en el béisbol) debe ser difícil, pues -por lo general- para decidir o marcar alguna jugada, tienen uno o dos segundos para hacerlo.

Algunos de estos deportes ya incorporaron la tecnología, como la repetición en video a cámara lenta, para ayudar a esos pobres personajes a tomar la mejor decisión.

Pero esta es una opción que el equipo “afectado” podría solicitar (bajo ciertas reglas) para que la jugada en cuestión sea revisada -en cámara lenta y desde diversos ángulos- para evidenciar si se estuvo en lo correcto o no al marcar una jugada.

El Jardin del Rey un cuento de Jorge Bucay



Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles,
arbustos y flores se estaban muriendo.

El roble le dijo que se moría
porque no podía ser tan alto como el pino.
Volviéndose al pino, lo halló caído
porque no podía dar uvas como la vid.
Y la vid se moría porque no podía florecer como la rosa.
La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

lunes, 3 de mayo de 2010

La Replica Ingeniosa

Hay momentos, cuando vierten un comentario mordaz hacia nosotros, en que nos hace falta contestarla, pero no tan solo hacerlo sino agregarle algo que haga que la gente voltee la vista hacia la persona que la inicio.

Así, hay personajes de la vida que no son capaces de contestar un comentario mordaz hacia su persona, y quiero pensar que se debe a que son demasiado nobles y no porque no tengan la capacidad.

Que divertido habría sido que, en la campaña electoral de 1988 en Estados Unidos, el senador republicano Dan Quayle hubiera replicado en forma brillante a la pulla del senador demócrata Lloyd Bentsen: “Senador, usted no es John Kennedy”. La respuesta de Quayle (“Observación realmente innecesaria, senador”) fue tibia. Solo sirvió para detener el golpe cuando se necesitaba un contraataque, una combinación de ingenio y veneno.
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