sábado, 16 de enero de 2010

Que hacer cuando su pareja quiere discutir


En una pareja uno no puede ser calca del otro. Las metas y aspiraciones de cada quien difieren, y tales diferencias suelen ser causa de discusiones.

Muchas veces, en las parejas, se da el que cada quien se aferre a posiciones rígidas, de tal suerte que el acuerdo resulta imposible. Consideran razonable solo sus propios puntos de vista, y rechazan los de la otra parte. Y cuando empiezan a discutir, cada cual trata de imponerse al otro. Lo malo de esta situación es que gane quien gane, el verdadero problema rara vez se resuelve y siempre quedan heridas por lo que se dijo.

Una solución a este tipo de desavenencias, bien podría ser, en vez de discutir, llegar a un acuerdo en donde las dos partes salgan beneficiadas, pero hacerlo con ganas de conseguirlo, no de sacar ventaja.

Para esto, en vez de considerar de entrada que el otro está equivocado, o que es egoísta o testarudo, es necesario hacer el esfuerzo sistemático de: 1) definir lo que cada quien desea; 2) determinar en qué se diferencían esos deseos; 3) proponer una variedad de posibles soluciones, y 4) escoger la mas satisfactoria para ambos.

Existen dos clases de disputas en las parejas. La primera corresponde a los casos en que no hay verdadera discrepancia, pero las personas no saben expresarse ni escuchar, de manera que el mensaje emitido por cada uno choca entre si, consiguiendo, con esto, solo interferencias y distorsiones.

En la otra clase de altercado hay un verdadero conflicto que puede estar relacionado con -entre otros- la crianza de los hijos, el dinero, la distribución del trabajo, las vacaciones o las relaciones sexuales. La avenencia en estos casos tal vez no sea fácil, pero, si se quiere, puede lograrse.

La mejor técnica que se recomienda es una a la que suele llamársele “diagnóstico y análisis”. Surte efecto cuando surge una discusión, pero muchas parejas buscan sanear su relación adquiriendo el hábito de diagnosticar y analizar sus diferencias antes de que estallen las desavenencias. Hay quienes se van a cenar juntos seguido y ventilan sus discrepancias tranquilamente en un restaurant.

Cualquiera que sea el caso en que se esté, los siguientes consejos serán muy útiles para los dos:

El que habla debe:

Ser Breve. Concrétese a lo esencial en su exposición. Se recomienda usar la “regla de las dos frases”, cuyo efecto es minimizar las contraproducentes observaciones hirientes.

Ir al Grano. En vez de exabruptos tales como” ¡Eres muy desordenado! ”, diga: “ Me gustaría que pusieras la toalla en su lugar después de usarla”.

Evitar los insultos y las acusaciones. Mas vale no buscar culpables, y adoptar esta actitud: “Tenemos un problema. Veamos de que manera podemos resolverlo”.

Evitar pones etiquetas despectivas. Palabras como “haragán” o “egoísta” suelen ser generalizaciones exageradas. Y lo que es peor: pueden considerarse provocaciones y sabotear la sección de diagnóstico y análisis.

Pensar bien antes de decir “siempre” o “nunca”. No diga: "Siempre haces...." , seria mejor decir: "Hay ocasiones en que haces.... o "Nunca ayudas a ....”. Mejor proponga: “Te agradecería si me ayudaras a ....”.

Abstenerse de analizar las motivaciones de su pareja. Si actúa así puede equivocarse, y solo conseguir que el o ella se disguste más.

El que escucha debe:

Pasar por alto las afirmaciones agresivas. Si su pareja esta alterado/a y expone el problema en términos exagerados y acusatorios, trate de concentrarse en los motivos de la ira, y preste oídos sordos a las recriminaciones.

Verificar que se ha comprendido las quejas de su compañero/a. A veces las aseveraciones que salen a relucir en un altercado, aunque están clarísimas para quien las hace no lo están para quien las escucha. Para resolver esto, conviene exponer brevemente lo que se ha entendido. Por ejemplo: “Creo que lo que quieres decir es….”. Si su pareja hace observaciones vagas, tales como: “Nunca cumples lo que prometes”, pídale que se explique.

Recurrir a criterios en que ambos coincidan. Si su pareja tiene razón en algo, reconózcalo: “Entiendo que te enoje…..”.

Esclarecer sus motivos. Si sospecha que su compañero/a no los ha entendido bien, explíqueselos sin esgrimir excusas ni ponerse a la defensiva.

Estar dispuesto a pedir perdón. El amor implica saber pedir perdón cuando se ha herido al ser amado.

A medida que se vaya progresando en las secciones para eliminar diferencias, se avanzará aun más si se concentra en lo que uno quiere lograr y no tanto en los errores de su pareja. Seguramente se obtendrá mayor colaboración si se transforman las reclamaciones en proposiciones.

Algo muy importante a considerar sería que al pedir algo se abstenga de hacer observaciones humillantes y denostadoras.

Cada integrante de la pareja que se lleva bien aprende a aceptar las “peculiaridades” del otro. A la larga, incluso, hay quienes llegan a perecerse en sus hábitos y preferencias, sin perder su individualidad, y pueden demostrarlo relatando las muchas discusiones que para ello han tenido.



Fuente: Love is Never Enough del Dr. Aaron Beck
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