Anoche conquisté a una señora madura en un antro de Acapulco de primer nivel. Tenía buen aspecto para una mujer de 57 años. De hecho no estaba nada mal, era muy guapa, elegante, distinguida, carismática y sin querer, me encontré pensando que quizá tendría una hija preciosa de unos 30 años.
Tomamos unas copas más, nos hicimos algunas caricias fogosas y me preguntó si había tenido un ‘Doble Deportivo’.






