El buen hijo no es agresivo con sus padres; los comprende y los ama, no por sus cualidades sino por un sentido de lealtad y pertenencia.
Aunque existan personas más inteligentes, hermosas, ricas o maduras, debo amar a mis padres, no por sus cualidades, sino porque son míos. Hay parte de mí en ellos y hay parte de ellos en mí.
Los torpes se vuelven contra lo suyo, sin saber que la mina de diamantes con la que tanto sueñan se encuentra en su propia casa. Muchos jóvenes quisieran tener padres y hermanos. Otros los tienen y no los aprecian. Una familia es lo más valioso que se puede poseer.







