lunes, 18 de enero de 2010

Hay que Aprender a Oir a los Adolescentes


Todos, por lo general, de jóvenes somos ruidosos, desordenados, rebeldes, irreverentes y algunas otras cosas mas; no obstante, esos detalles -aunque en ocasiones sean molestos-, se saben sobrellevar por los padres. Pero, que sucede cuando esas acciones pasan de ser molestas, brinca la barrera de lo tolerable y las acciones antes mencionadas pasan a ser delitos?

La primer pregunta que les viene a los padres es: “¿En qué fallamos?.…”

Y en ocasiones son los mismos jóvenes los que tienen la respuesta: “Mis padres no me escucharon”.

El reverendo Charles Galea, realizó un estudio en jovencitos que iban en camino o bien ya estaban en algún centro de detención o reformatorio para menores. “Cuando escucho sus historias -dice el reverendo-, les hago esta pregunta: “Si tus padres estuvieran sentados aquí con nosotros en este momento, ¿qué te gustaría decirles? Sus respuestas resultan sorprendentes...”

El reverendo Charles Galea, escribió un tratado, basado en estas respuestas, al que tituló “Código Para Padres” y en él sugiere a todos los padres, algunas conductas a seguir para evitar que los hijos brinquen estas barreras, algo que ellos necesitan urgentemente.

Estas son las respuestas y lo que debería hacerse:

“No se alteren”. Lo más importante: no pierda la cabeza en un momento crítico. Los muchachos necesitan la seguridad que deriva de las respuestas controladas. Recuerdo a un chico Mike. Su madre era alcohólica. Hiciera lo que él hiciera, sus padres reaccionaban con furia. Cuando lo conocí, había sido arrestado por destrucción de propiedad ajena. Dos años después, asesinó a un vecino. Si los padres de Mike hubieran sido capaces de reaccionar inicialmente con amor y comprensión, y no con ira y violencia, el muchacho habría podido tomar un derrotero distinto.

Si usted llegara a sorprender a sus hijos en el acto de mentir, defraudar, robar, maldecir o beber, corríjalos. Pero no olvide hacerles saber también que los ama, aun cuando lo hayan decepcionado.

“Demuestre quién manda”. La mayoría de los jóvenes desean que sus padres sean estrictos. No quieren crueldad, pero sí padres que sean congruentes al imponer una disciplina. Los chicos necesitan saber que hay consecuencias que pagar cuando se rebasan las fronteras de lo permitido.

Un pequeño de nombre Juanito, es sorprendido en el acto de hurtar una golosina. El gerente de la tienda no se molesta en notificar a la policía. En vez de ello, llama a sus padres, quienes le imponen su propio castigo: 'No verás televisión durante una semana'. Al quinto día de la sentencia, el niño se las arregla para ver furtivamente la pantalla chica durante un par de horas. Mamá y papá pasan por alto el pecado, y con esto el primer límite desaparece. Luego, los padres fijan el segundo límite: no puede hablar por teléfono a sus amigos. Pero Juanito también se burla de esta regla. Y entonces se imagina que puede hacer todo lo que quiera, pues sus progenitores no hicieron valer su autoridad.

“Recuerden quienes son”. Si tiene usted 40 años, no se porte como si fuera un mozalbete de 16. Lo que sus hijos necesitan es alguien a quien poder respetar.

Recuerdo a un matrimonio que, con desesperación, procuraba equiparar su conducta con la de su hijo de 16 años, hablando y vistiéndose como él. Durante una visita, el padre me clavó la mirada, señaló hacia su hijo y, en un estilo pretendidamente juvenil, me espetó de pronto: 'Oye, viejo, tienes que hacer algo por mi muchacho. Me entiendes, ¿verdad?'. Miré al padre y pensé para mis adentros: 'Sí, entiendo, y parte del problema es la ridícula actitud que tú estás adoptando'. Sus hijos quizá no se atrevan a decírselo, pero el mensaje es muy claro: 'Sean padres, no camaradas'.

“No crean nuestras fanfarronadas”. ¿Sabía usted que los adolescentes no siempre hablan en serio? Desean tener padres que no se intimiden ante las amenazas. He conocido a padres que cedieron ante todas las demandas cuando el hijo declaró: 'Dejaré la escuela' o 'Me iré de casa'. ¿Realmente cree usted que el chico o la chica desea renunciar a una cama confortable, a un refrigerador bien surtido y a la seguridad de un hogar? Manténgase firme ante las provocaciones de su hijo, y verá cómo terminan por avenirse.

“Sean sinceros con nosotros”. A los muchachos les gusta que les hablen con la verdad. Ellos lo conocen a usted mejor de lo que usted se conoce a sí mismo, y normalmente aceptan de buen grado las críticas cuando estas provienen de una madre o un padre sincero y franco. No todos los padres tienen que lidiar con hijos delincuentes, pero la mayoría enfrenta, en algún momento de su vida, a un adolescente rebelde. Tenga presente que los jóvenes no desean que usted sea un camarada o un pelele a quien pueden convencer fácilmente. Quieren y necesitan, de un padre o una madre genuinos y La mejor manera de tratar a sus hijos es mediante una combinación equilibrada de amor y disciplina.



Condensado del Código para Padres por el reverendo Charles Galea
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