miércoles, 28 de julio de 2010

Disfrtutar lo que se hace


Platicaba en días pasados con una persona que se dedica a recoger basura, desperdicios, escombro y todo lo que ya no queremos en casa. Su carrito de carga, tirado por una mula -a la que llaman "morena"- estaba hasta el tope de "la basura del día", como le llamaba él.

Su aspecto, como es de entenderse, era sucio, sudoroso y vestía ropas viejas. Sin embargo, se veía como si recién empezara su jornada, era muy notable su vitalidad al cargar toda esa basura.

Desbordaba tanta felicidad al hacer su trabajo que contagiaba facilmente. No se veía en él ninguna muestra de desagrado al hacer esa sucia labor.

Me comentaba que su jornada empezaba a las 5 de la mañana -en que preparaba a "morena"- y terminaba a las 6 de la tarde, -después de ir al tiradero de basura. Esto es todos los días, pues cuando no sale, no hay para comer.

Le pregunté cual era su secreto para mostrar tanta alegría y vitalidad -después de un pesado día de trabajo- y me contesto con una sonrisa: "Es que hago lo que me gusta, tal vez no sea el trabajo mas limpio, pero en verdad lo disfruto".

"Hay un cuento budista que habla de una tortuga.

"Mientras caminaba por un pantano, sucia de barro, pasó por delante de un templo. Allí, vio un caparazón de tortuga, totalmente adornado con oro y piedras preciosas.

"No te envidio, amiga mía", pensó la tortuga. "Tú estás cubierta de joyas, pero yo hago lo que quiero".


Lo importante de un trabajo no es el trabajo en sí, sino el disfrute que genera al realizarlo.
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