sábado, 7 de agosto de 2010

La Taza llena

Cuando se es joven, es muy fácil caer en la creencia de que se sabe todo.

No se aceptan consejos ni sugerencias y los oídos permanecen sordos a cualquier critica o comentario.

A esa edad, es común sentirse los dueños del mundo y hacer gala de ello. Se habla y se comenta de "todo" el conocimiento de que se es dueño y cuando se acercan a alguien con experiencia disfrutan el retarlos a que les enseñe lo que -supuestamente- les falta por conocer.

Un profesor universitario fue a visitar a un famoso maestro Zen en Kyoto en busca de conocimiento. Mientras el monje servía té, el profesor comentaba los ejercicios, analizaba los textos, interpretaba las historias y las tradiciones, divagaba sobre los antiguos procedimientos de meditación. Hizo todo lo posible para impresionar a su anfitrión, con la esperanza de que lo aceptase como discípulo.

Mientras hablaba, el monje continuaba llenando su taza hasta que el líquido se derramó y el té comenzó a extenderse por toda la mesa.

-. Qué es lo que está usted haciendo? ¿Que no ve que la taza está llena y no cabe nada más en su interior?

- Su alma es como esta taza - respondió el maestro . ¿Cómo puedo yo enseñarle el verdadero arte del budismo zen si ella ya está llena de teorías?

Vocabulario de la Vida

viernes, 6 de agosto de 2010

Los obstaculos de la vida


Siempre es bueno hacer un alto en el camino,
reflexionar sobre los logros y nuestros sueños.

jueves, 5 de agosto de 2010

La superioridad silenciosa



Es muy común, hoy en día, que en los diversos medios de comunicación se promocionen a tal o cual persona como un ser superior, lleno de incalculables valores y cualidades que hacen ver a cualquier mortal como un liliputiense menguado.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Cuando callas...



Cuando callas,
también hablas de ti mismo.

Cuando callas un secreto,
conozco tu fidelidad de amigo.

No es lo mismo...


No es lo mismo ser bueno,
que ser incapaz de ser malo.

martes, 3 de agosto de 2010

La factura de un padre


Hijo, si quieres amarme,
bien puedes hacerlo.
Tu cariño es oro,
y nunca lo desdeño.

Mi nombre es Rosa: una historia inolvidable

El primer día en la Universidad, el profesor se presentó y nos pidió que buscáramos en la clase a alguien que no conociéramos y nos presentáramos. Yo estaba buscando entre mis compañeros, cuando sentí una mano gentil que tocó mi hombro. Me di vuelta, y pude ver a una viejecita cerrándome el ojo y brindándome una hermosísima sonrisa que la iluminaba completamente.

Ella me dijo: Hola guapo. Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años.. ¿Puedo darte un abrazo?. Mi carcajada fue inmediata... y le contesté: ¡Por supuesto que puede! Y me dio un gran apretón.
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