Hasta en un matrimonio bien avenido se tiene que vivir con cierta dosis de soledad.
No existen dos personas perfectamente compatibles, y hay algunas partes de nuestro ser que tal vez jamás sean entendidas por la persona que esperabamos que fuera nuestra alma gemela.
No hay nada que pueda hacer mi marido que me haga compartir su fanatismo por el futbol.







