Recordaba en días pasados a una persona que me preguntaba en una ocasión que tenia que hacer para agradar a la gente, pues sentía que lo miraban constantemente y temía no estar haciendo lo correcto, incluso -continuaba- era tanto su preocupación que cuando caminaba sentía las miradas de los que lo rodeaban, se ponía nerviosos y terminaba por tropezar o hacer alguna tontería.
Su preocupación era muy grande por la opinión de los demás y le comente: Hagas lo que hagas nunca los tendrás contentos, mejor preocúpate por ser tu mismo y no como quieren los demás.
Para apoyar mi sugerencia le comente el siguiente cuento:
Un viejo y un joven viajaban con un asno. Al llegar a la aldea caminando junto al animal, los niños de la escuela rieron al verlos pasar diciendo:
-Mira esos tontos, tienen un asno robusto y van caminando, por lo menos el viejo podría montarse en él.







